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martes, 19 de julio de 2011

Pequeños grandes momentos 2: Doble negativo

Cuando la Patrulla X se convirtió en un éxito, el grupo de Tormenta y los suyos llevaban bastantes números correteando por el mundo. Así que Marvel decidió reeditar la primera etapa de Chris Claremont y John Byrne en una colección que se llamaría Classic X-Men y que incluía historias como la transformación de Jean en Fénix, el viaje a Tierra Salvaje, la aparición del Imperio Shi'ar y la saga de Fénix Oscura. Y como añadido, le encargó a Claremont una serie de añadidos que aclararan o modificaran la historia. Hoy en día, todo el mundo considera esto una aberración por desvirtuar la historia original de una de las mejores etapas del cómic.

Pero, hasta entre esas hay joyas. Aunque sea muy pequeña. La de hoy, tan sólo consta de unas pocas páginas. Fue concebida como prólogo a la Saga de Fénix Oscura y presentación del Club Fuego Infernal. Y no fue Claremont quien la escribió, que bastante bastante trabajo tenía ya por su cuenta, sino Ann Noceti (la creadora de Longshot) acompañada del fantástico John Bolton a los lápices. 

La historia se llama "Doble Negativo" y, la verdad, es que es bastante surrealista. De pequeño siempre pensé que era demasiado adulta para estar ahí. Me parecía casi pornográfica. Eso por no hablar del mal rollo generalizado. Pero nada de eso impidió que quedara fascinado por la malvada Reina Blanca.

El comienzo de nuestro relato nos muestra un oscuro salón en el que una camarera, ataviada con un corpiño negro y medio desnuda, pone unas bebidas a un oscuro personaje. Nosotros no lo sabemos pero esa sala está en el Club Fuego Infernal, una asociación para los más ricos y poderosos. Y el hombre que mira con lascivia a la sirvienta es Jason Wyngard, más conocido como Mente Maestra. Un mutante con capacidad para crear ilusiones.

La camarera, asqueada, sale precipitadamente de la sala hacia el vestuario. Allí, Emma Frost, termina de arreglarse. Su atuendo son semejantes, sólo que uno es negro y el otro es blanco. La pobre sirvienta le cuenta sus penas a su jefa, diciéndole lo horrible que es llevar ese degradante vestuario y lo vejatorio que le resultan las miradas del señor Wyngard. Deberían unirse todas las mujeres del Club para quejarse por tener que llevar ese uniforme.



Emma Frost la corta en ese momento, aclarando a la chica que, en ningún caso, son iguales. Ella es la Reina Blanca y a ella no le obliga nadie a vestirse así. Esas ropas son su armadura para la batalla, sus armas contra los hombres. A ella no la vejan. La camarera estalla diciendo que todos en esa casa son horribles a lo que Emma le responde que no puede esperar más de un sitio llamado Club Fuego Infernal.

Acada la lección sobre el machismo y dejándo a la sirvienta sumida en su dolor, la Reina Blanca sale al encuentro de Jason Wyngard con quien pretende echar una partida al ajedrez. Pero no será de las usuales. No en vano los contrincantes son una de las telépatas más poderosas del mundo y del rey de las ilusiones. 

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