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viernes, 10 de junio de 2016

Los 90: Adam X el X-Tremo, el Poochie mutante

No sé si se acordarán, pero hay un capítulo en Los Simpson en el que para levantar los índices de audiencia de “Rasca y Pica” su productor decide introducir un nuevo personaje. Este sería Poochie, un perro fiestero y skater, amante del surf y el basket, que viste vaqueros rotos, cazadora de cuero, deportivas, gorra hacia atrás y unas gafas de sol que le hacen de lo más dinámico, además de muy paradigmático. Al final del capítulo, todo el mundo le odiaba (excepto Homer, su doblador, que proponía que cada vez que no estuviera en escena el resto de personajes se preguntara “¿Dónde está Poochi?”) y se alegraban de que volvieran a su planeta natal, aunque se alegraron más al saber que moría en el camino.

Pues bien, en el univer-so X tenemos nuestro propio Poochie, aunque aquí nadie le odiaba (al menos en público). Ya había hablado de él en Mucho ruido y pocas nueces: Personajes bluf (también podría haberle dedicado un Grandes Cagadas), pero vale la pena volver a mencionarlo porque ejemplifica a la perfección el espíritu de la época. Eran los 90, nena, y Adam X, también conocido como X-Tremo, era lo más de lo más. Era los 90 encarnados ¿Creías que Gambito era molón y supercañero? Pues Adam era más. Gorra para atrás, larga melena rubia, trencitas, perilla, ojos enigmáticos, cuchillas por doquier que lanza sin parar, músculos para aburrir, pinchos y creo recordar que en un cómic le vi montado en una Harley vistiendo unos vaqueros rotos ¿Hay algo que no tuviera? Seguro que tocaba la guitarra eléctrica en su casa. Si hasta tenía una X en su nombre ¡en los dos! ¡y uno de ellos es X-Tremo! Si te haces llamar X-Tremo, tienes que ser guay por narices. Y, por si fuera poco, tiene un poder de esos superenrevesados que tanto gustan a la gente: enciende los elecrolitos de la sangre... lo que vale para calentarte, quemarte, paralizarte, darte una descarga eléctrica y casi todo lo que se le ocurra.

Pero hay más porque también ¡es medio Shi'ar y medio mutante! ¡un combo genético que te cagas!

¿Que aun así te parece que no es lo bastante guay? Pues agárrate los machos porque su creador Fabian Nicieza, guionista por aquellos tiempos de X-Force (¿dónde si no iba a nacer un tío tan guay como este?) y al que tengo especial cariño por lo que hizo con Fuego Reinante (ya hablaremos de eso en breve) había pensado que fuera nada más y nada menos que ¡el tercer hermano Summers! Sí, como lo oyes, Adam X estaba destinado a ser el hijo ilegítimo de D'Ken (el Emperador Shi'ar) y la madre de Cíclope y Kaos. La élite mutante. Ahí es nada.

Sin embargo, aunque todas las apuestas esta-ban a su favor, nunca llegó a ser proclamado como el tercer hermano Summers pues antes llegó la crisis comiquera de finales de los 90 que se llevó por delante a casi todas las series mutantes y a Adam X con ellas. Lo peor es que a casi nadie pareció importarle. Y tampoco nadie se indignó cuando Ed Brubaker decidió rescatar el argumento del tercer hermano Summers para crear a Vulcano (en la foto) en su Génesis Mortal. Pobre, con lo guay que él había sido.

De hecho, creo que ni siquiera se molestaron en explicar cómo era posible que el bueno de Adam fuera medio humano y medio Shi'ar si por la fecha de su alumbramiento la única humana que habían visto los extraterrestres emplumados (y la única que verían en mucho tiempo) era la madre de Cíclope.

Desde entonces, Adam X el X-Tremo ha quedado como un chiste recurrente sobre los 90 y hasta le han mandado a su planeta natal para que no moleste, como a Poochie (aunque no le han matado, algo es algo). No obstante preveo un regreso triunfante en breve. Si “Las Tortugas Ninja” y “Los vigilantes de la playa” han vuelto, es que los 90 están apunto de retornar. Y todos los personajes tendrán que decir “¿Dónde está X-Tremo?” cada vez que Adam X no esté en escena.


viernes, 5 de junio de 2015

Los 90: Un universo sin estrellas

Los dibujantes que habían dominado la franquicia se marcharon solo 1 años después de su asalto al poder absoluto mutante para fundar su propia editorial: Image, un compendio de los talentos más pujantes de la época en un sello que encarnaba como ninguna otra la filosofía de los cómics de los 90, con un grafismo que hacía justicia a sus artistas y sin todas esas tontería que acumulaban las series tradicionales en sus largos pasados. Allí no encontrarías perros que hablaban o gente que resucitaba una y otra vez. Solo una sucesión de cuerpos imposibles, pechos abundantes, uniformes bastante escasos, explosiones espectaculares, armas de todos los tamaños y hostias para aburrir. Argumentos fáciles, acción trepidante, un color impresionante y los mejores dibujantes del momento. Era el cóctel perfecto para cualquier adolescente y, como ellos eran los principales consumidores de cómic, Image arrasó en ventas.

En Marvel, en cambio, las cosas no iban tan bien. La escasa originalidad de muchos de los conceptos de Image (WildCats de Jim Lee no era más que otra Patrulla X y Liefeld era incapaz de dejar de plagiar sus propios argumentos y diseños de X-Force para trasplantarlos a Youngblood) había conseguido retener a buena parte de los lectores, pero la bajada era evidente. Pero lo peor de todo era que se habían quedado en pelotas. Habían despedido a Claremont (después de dirigir la Patrulla X durante 15 y convertirla en el mayor éxito del cómic mundial) para darle el control a los dibujantes estrellas y sus aires renovadores. Y, un año más tarde, no les quedaba nadie de renombre. Por no poder, ni siquiera podían volver a traer de vuelta a Claremont, que había decidido colaborar en Image. Los únicos guionistas con cierto nivel eran Peter David en X-Factor y Alan Davis en Excálibur pero, como ya dije en otra entrada, no tardarían mucho en echarlos o hacer que se fueran.

Pero, por suerte (para la editorial, no tanto para los lectores), allí estaban Scott Lodbell y Fabian Nicieza, nuevos encargados de Patrulla y X-Force (respecivamente) que consiguieron armar un crossover que se adaptaba a los gustos de los jóvenes recogiendo toda la hiperviolencia necesaria y, de paso, unificando la franquicia más de lo que nunca había estado. Así nació X-Force y comenzó otra última edad de oro del siglo XX para los mutantes.

Y eso es todo por hoy. Noventados saludos.

jueves, 26 de junio de 2014

Los 90: El nacimiento de Image

Con Claremont fuera de la franquicia, Jim Lee tomó posesión co-mo señor supremo de la nueva X-Men mientras Rob Liefeld seguía con su X-Force (conversión hiperviolenta de los Nuevos Mutantes). El resto de colecciones no tuvieron la suerte de contar con un guionista fijo que supiera lo que quería hacer y se vieron abocadas a los bandazos argumentales a los que les llevaba gente como Portacio o Byrne, que apenas se mantenían en sus puestos 3 números seguidos y regresaban al cabo de los meses. Y las que tenían un escritor que valía la pena (Alan Davis en Excálibur o Peter David en Factor X), vieron cómo eran despedidos o se marchaban por intromisiones en su trabajo, eso sí, después de que consiguieran convertir las series en colecciones de culto.

Gracias a todos estos factores, durante el tiempo que Jim Lee y los suyos reinaron, el nivel argumental de las colecciones (con excep-ción de las etapas de Peter David y Alan Davis) se vio reducido a una sucesión escenas de piscina con bañadores casi inexistentes y peleas contra gente que se parecía bastante a otros (los Arribistas tenían cierto regusto al Club Fuego Infernal) o directamente eran plagios mal disimulados (Masacre de Deathstroke o los X-Ternos de los Inmortales). Sin embargo, a pesar de todo la franquicia pudo sobreponerse y tuvo algunos momentos que merecieron la pena. De todas formas, eso era secundario porque lo que mandaba en las ventas eran las tetas grandes, las peleas violentas, los músculos hipertrofiados y los pistolones del tamaño de neveras de hotel.

Pero a Marvel no le iba a durar la ale-gría para siempre. Solo un año después de haber conseguido controlar casi por completo la editorial (no hay que olvidar que Todd MacFarlane estaba en Spiderman) los llamados dibujantes estrellas le pidieron a la editorial que les diera la propiedad intelectual de sus trabajos. La editorial ya había tenido va-rias veces esta discusión. A John Byrne, por ejemplo, le dieron parte de los beneficios de venta de Alpha Flight (aunque para cobrar algo tenía que vender más de 100.000 ejemplares, cosa complicada con una serie como esa). Pero esta vez, Marvel no estaba dispuesta a ceder y, en consecuencia, abandonaron la editorial Jim Lee (X-Men), Rob Liefeld (X-Force), Whilce Portacio (Patrulla X), Marc Silvestri (Lobezno), Todd McFarlane (Spiderman), Erik Larsen (Asombroso Spiderman) y Jim Valentino (Guardianes de la Galaxia).

Era 1992 y acababa de nacer Image Comics. Curiosamente, Chris Claremont no tardó en unirse a sus antiguos rivales.

viernes, 23 de mayo de 2014

Los 90: La generación "cómic"

Durante sus primeras décadas de existencia, los cómics de superhéroes fueron un producto orientado a los niños. Los argumentos facilones, los trajes coloridos y los villanos chorras eran idóneos para los infantes, pero los abandonaban por productos más complejos al llegar a la pubertad. Sin embargo, a partir de los 70 la tendencia cambió. La campaña contra las editoriales independientes que llevaron a cabo las majors (Marvel y DC) con la ayuda de la Cómic Code Authority (la autoridad que censuraba los cómics que no fueran para todos los públicos) había relegado a la competencia a los círculos underground. El vacío que dejaron, fue llenado por nuevos autores que, como Chris Claremont en la Patrulla X, desarrollaban argumentos más complejos y personajes más profundos. Gracias a este cambio, los niños continuaron comprando cómics de superhéroes una vez llegados a la adolescencia, aunque también evitó que nuevas hornadas de lectores se unieran durante la infancia y se decantara por otras opciones más blancas y simples.

Esa última generación que compró cómics durante la infancia, a la que se podría denominar “generación cómic”, es la que nació en los 70 y los 80. Ellos forman (formamos) los principales clientes que tienen los superhéroes en la actualidad y han sido la causa de muchas de las cosas que ocurrieron durante la década de los 90. También es culpa suya que las editoriales revivan una y otra vez proyectos como Los Nuevos Mutantes o los Jóvenes Titanes, a pesar de que nunca acaben de cuajar.

Por esa época, los pri-meros lectores de esa generación acababan de llegar a la adolescencia tras haber crecido si-guiendo las aventuras de la Patrulla. Habían sido 15 años de aven-turas de la mano de Chris Claremont, el Patriarca Mutante que había dirigido las riendas de la colección y había creado la franquicia más exitosa del momento. Pero las editoriales tenían que adaptarse a la nueva edad de sus clientes. Y en ese momento apareció una nueva tanda de dibujantes que hizo las delicias de sus seguidores de hormonas desbocadas.

Todd McFarlane en Spiderman y Jim Lee en la Patrulla X imprimieron un nuevo estilo que se caracterizaba por músculos marcadísimos, bellas féminas de pechos generosos, pistolones imposibles y dibujos con un dinamismo que conseguía que las peleas fueran espectaculares. Fue una revolución frente a lo que se había visto hasta el momento y no tardaron en ganarse la etiqueta “dibujantes estrella”. Sus nombres hacían que los cómics se vendieran como churros y poco a poco su influencia fue creciendo dentro de la franquicia mutante. Chris Claremont era un guionista de la vieja escuela y los ilustradores eran parte muy importante a la hora de realizar los argumentos, así que no es de extrañar que los conceptos noventeros que esos dibujantes traían bajo el brazo fueran imponiéndose en la Patrulla X. En esa época aparecieron personajes como Cable o Bishop y los blandos Nuevos Mutantes se reconvirtieron en los hiper-testosteroneicos X-Force.


Y cuando X-Men nº1 batió todos los récords de venta de cómics (6 millones de copias) Marvel optó por darles el control de la franquicia. La transformación de John Byrne en guionista (tras su disputa con Claremont) ya les había dado buenos resultados, así que apostaron por los nuevos y dejaron que Claremont se fuera tras 15 años al frente de la Patrulla X.